emol

Marilú Ortiz de Rozas
Cultura
El Mercurio

Alejandro Siña y Gonzalo Sánchez presentan un atractivo despliegue de obras lumínicas y cinéticas en su primera muestra conjunta, “Artistas de la luz”, abierta ayer en galería La Sala.


Al fondo de una sala oscura, rodeada de cajas de luces cinéticas con elementos orgánicos, se yergue una antigua puerta de doble hoja, recuperada en el barrio Italia. Tras ella abre un túnel infinito, creado con espejos y luces, mientras alba y gruesa sal de mar recubre todo el piso. La instalación de Gonzalo Sánchez (1964) deslumbra por su estética escenografía y su atmósfera invita al recogimiento. “Yo espero que el público viva una experiencia casi ascética, que se ‘desautomatice’ y sensibilice, que se conecte con la sal, un elemento que remite a la biblia”, expresa este conocido abogado que ha ejercido en paralelo una destacada carrera artística.

Inicialmente se formó con Virginia Huneeus y, en los últimos años, se ha enfocado en el arte lumínico, donde encontró un lenguaje propio. “No quise trabajar con neones, porque ya varios lo hacían. Me puse a experimentar con leds, lo que fue una innovación tecnológica, y, curiosamente, esta es una de mis especialidades en el terreno de las leyes”, revela Gonzalo Sánchez; un premiado docente de propiedad intelectual, además.

Pulcra factura

En la otra sala de esta vasta galería centellea una decena de obras de Alejandro Siña (1945), algunas colgantes, otras en el piso y muros, todas composiciones de pulcra factura e intenso cromatismo. “Son creadas a partir de mi experimentación con neón de un solo electrodo; a diferencia del neón tradicional de letrero, que usa dos electrodos”, precisa este escultor lumínico, cuya obra se incluyó en la retrospectiva de arte abstracto nacional “La revolución de las formas” (en el Centro Cultural La Moneda, a comienzos de año), y en Documenta 6, entre muchas otras exposiciones destacadas.

Alejandro Siña emigró al arte desde otra profesión, la ingeniería, y se consagró en el Massachusetts Institute of Technology, MIT, en Boston, adonde partió con una beca y reside desde hace más de 40 años. Afirma que el MIT le aportó la experiencia de desarrollar su obra junto a otros artistas que se expresaban con diversos medios.

 “Tuve también la fortuna de trabajar bajo la influencia de los profesores Gyorgy Kepes y Otto Piene”, destaca este artista que fabrica en su taller, personalmente, sus tubos de neón y soplado en vidrio. Desde niño se dedicaba a explorar el mundo de la electrónica, “vivía inventando cosas”, cuenta, pasión que fue derivando hacia su obra actual, en la que también aportaron Matilde Pérez y Carlos Ortúzar, a quienes considera maestros de su etapa chilena.

“Es un privilegio para mí exponer con Alejandro Siña. Conozco mucho su obra. Él es un artista más científico; yo soy más conceptual. Intento en mi obra vehicular ciertos mensajes”, expresa Sánchez, quien agrega que la ciencia amplía las posibilidades de experimentar en el arte, y está permanentemente buscando nuevas propuestas. Los principales referentes de Sánchez son Dan Flavin y James Turrell, dos grandes escultores lumínicos contemporáneos.